Día 62. Colegio Mayor (VI). El Consejo Local

Si quieres saber dónde se mueven realmente los hilos en el Opus Dei, tienes que mirar hacia la sala de juntas del Consejo Local. No es el departamento de orientación académica ni una junta de profesores; es la central de inteligencia donde se destripan las interioridades de cada miembro y de cada residente.

En el Colegio Mayor, el Consejo Local lo forman el Director, los subdirectores, el secretario y el cura. Su trabajo consiste en reunir todas las piezas del puzzle que les llegan por diversos canales: lo que le contaste a tu numerario (el agente del KGB), lo que dijiste en la charla con el Director y, lo más grave, lo que hablaste en «confianza» con el cura.

Lo que está claro es que esto no es la junta de la jefatura de estudios donde se habla del rendimiento académico de cada alumno, es mucho más. O a lo mejor lo del estudio es lo de menos y lo de más es la vida interior.

Aquí es donde entra el manoseo de la conciencia de las personas, o lo que es lo mismo: la obsesión del Opus por hacer informes de todo. Como si de una agencia de espionaje se tratara, utilizan abreviaturas y códigos secretos para que, si los papeles caen en manos ajenas, nadie sepa de qué hablan. 

Y, pienso yo, ¿qué pintan estos señores que dirigen un colegio mayor hablando de cosas que no son los estudios de los residentes? Se sientan a discutir si eres dócil, si rezas, si vas a las meditaciones, las veces que hablas con el cura, cuál será la forma de introducirte en la Institución si das el perfil adecuado, o, lo que es más degradante, llevan el recuento de las pajas que te haces o de cuánto follas.

Me produce náuseas recordar la desfachatez de ciertos directores. Hace poco veía en YouTube al exdirector del Colegio Mayor (al que conozco bien) presentándose ahora como experto en adicciones. Decía tan campante que, en sus conversaciones con los residentes, ellos le contaban sus problemas con la masturbación y el porno. ¿Pero cómo tienes la caradura de contarlo en público? ¿Por qué tenían que contarte a ti, un gestor administrativo del centro, sus secretos de alcoba?

En el Consejo Local, la información va y viene como en una multinacional que intenta aumentar sus ventas (vocaciones). Lo que no sirve o lo que compromete a la Institución, va directo a la destructora de documentos, máquina que siempre me pregunté de su función en la sala de juntas.

No se me olvidará el día que hablando con el cura me soltó por las buenas: «¿no pierdes mucho tiempo en ir de tu habitación a la sala de estudio?». ¡¡¡¡Esa tontería de comentario sin venir a cuento era la continuación a una conversación que días antes había tenido con mi numerario!!!! Ya aluciné: Hasta ese nivel de tontería se anotaba y se difundía ¿De verdad pierden el tiempo en escribir y comentar cuántos segundos tardas en cruzar un pasillo? Sí, lo hacen. Porque el control total no admite espacios muertos. Simplemente están enfermos.

Lo peor es que, una vez fuera, descubres que esa «materia reservada» de tu vida va configurando un informe de conciencia que pasa de mano en mano, del Colegio a la Delegación, a la Comisión y de ahí a Roma. Hay una auténtica ristra de tíos —como si fuera una ristra de chorizos— que han estado años mercadeando con tus secretos, contando tus pajas o cómo haces el amor.

Estos tíos no son directores espirituales, ni mucho menos son cristianos. Son chorizos del alma. Se han dedicado a robarle la intimidad a la gente para alimentar su maquinaria de control.

Hoy, mi fuero interno tiene una puerta con llave y la llave la tengo yo. Se acabó el ser un número en su contabilidad de entrepiernas.

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