Dia 18. Reaprendiendo

Aunque es algo que llevamos haciendo desde el día cero, antes de entrar en los temas más «complicados» me gustaría dedicar un post especialmente a esto: reaprender.

Tal vez debería llamarlo «desaprender», pero creo que es más acertado hablar de reaprender. Porque sanar no es solo borrar lo que nos enseñaron mal; es volver a aprender la realidad de una forma correcta para poder, por fin, vivir en paz.

Las consignas de la Institución me quedaron marcadas a fuego. Años después de salir, sigo descubriendo cada día hasta dónde llegó aquel arrebato del pensamiento. Fue un despliegue de medios perfectamente orquestado para lograr el control más absoluto de todo: de tu mente, de tu cuerpo y de tu fe.

Para reaprender hace falta una decisión valiente: no mirar atrás. Hace falta arrancar de raíz esa conciencia deformada de que todo es pecado o, peor aún, que «pudiera llegar a serlo». Hay que acabar con esos escrúpulos de laboratorio que te consideran un pecador empedernido antes incluso de haber actuado. Ese miedo a la condenación eterna por una «faltita» de nada, que te hacía salir corriendo a buscar un confesionario en el mismo instante en que cometías tu supuesta «atrocidad».

Reaprende que el Dios de la contabilidad no es el Dios cristiano.

Ese Dios que lleva hojas de normas marcadas, libretas de apuntes con todo lo que haces mal y que te empuja por el plano inclinado de una «vocación» donde nunca nada es suficiente y siempre hay que ir a más… ese no es Dios. Esa «maratón infinita» hacia una perfección inexistente no tiene nada que ver con el Evangelio.

Reaprende el Amor de Dios. Ese que no lleva cuenta de los delitos y que, como decía San Juan de la Cruz, solo te examinará del amor.

Vendrán días en este Cuaderno de Bitácora en los que hablaremos de cosas muy íntimas, muy duras e incluso escandalosas para más de uno. Pero cada vez tengo más claro que es necesario: hay que hablar de lo que aprendimos mal para poder aprenderlo de la forma correcta. Y de paso, os lo aseguro, nos echaremos unas risas de lo absurdo que era todo aquello.

Reaprende, desaprende y, sobre todo, vive.

Publicaciones Similares