Día 53. Si te sales… al infierno de cabeza

Uno no se hace de la Obra por las buenas. Se hace porque te convencen de que Dios te ha escogido desde la eternidad para formar parte de una élite espiritual: los privilegiados encargados de santificar el mundo. Si compras ese discurso, la consecuencia es aterradora: salirse del Opus Dei no es dejar una organización; es traicionar a Dios directamente.

A veces escucho a gente «de fuera» decir con ligereza: «Si tan mal estabas, ¿por qué no te fuiste antes?». No entienden nada. El Opus no es un club social ni un gimnasio donde cancelas la cuota y te borras. Es un sistema que se adueña de tu destino eterno. No estás allí porque te gusten los colores de la equipación; estás allí porque te han hecho creer que, si te sueltas, te despeñas al abismo.

Esa es la gran «comedura de cabeza»: ¿Cómo voy a dar el paso si Dios mismo me ha puesto aquí?

La Institución, que es experta en gestionar la debilidad humana, utiliza este miedo con una audacia diabólica. En cuanto das síntomas de asfixia o dudas, te recuerdan tu «compromiso con el Señor». Pero seamos claros: lo que les preocupa no es tu relación con Dios, es tu permanencia en la estructura.

¿Acaso hay alguien que, al plantear su salida, no haya recibido la amenaza de la condenación eterna?

El fundador bien decía que para salir están las puertas abiertas de par en par, igual que lo que se apresuran a publicar los mandamases del Opus en la web Institucional o en entrevistas. Es doloroso oírles decir que cuentan con los «ex», que los nombran cooperadores o que «muchos vuelven». Es puro marketing para lavar la imagen de una institución que, en la realidad del día a día, aplica una muerte civil instantánea a quien se va.

Y no podía dejar de comentar el vacío que hay de ti en la organización cuando te vas: como si no existieras. Te conviertes en «el gran traidor a la Institución», y se olvidan de la presión que te han hecho amenazando con la condenación eterna; esto ya no les importa. Cuando no han podido contigo espiritualmente, ya les da igual; van a por su interés que es lo que realmente les ha molestado.

Ellos asocian Opus con creer en Dios, así que fuera del Opus no hay nada que hacer con Dios. Simplemente se creen todo eso que te han dicho de la condenación eterna, es el Opus como ombligo del mundo.

Por eso se quedan en shock cuando ven que seguimos yendo a Misa, que rezamos ante la Virgen o que buscamos a Jesús sin sus guiones. Me han llegado a escribir mensajes de: «Qué alegría haberte visto en Misa». Como si fuera un milagro que un «traidor» mantuviera la fe sin su vigilancia.

Es la soberbia colectiva del Opus como escogidos por Dios para salvar el mundo. Hoy sé que el infierno no es salir del Opus; el infierno era vivir en una institución que usa a Dios como una amenaza para salvar sus propios intereses mundanos.

He descubierto que Dios es mucho más grande que sus estatutos. He recuperado mi fe el día que perdí el miedo a sus maldiciones. Y os aseguro que, desde que soy libre, nunca me he sentido más cerca del cielo.

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