Día 32. Familia Opusina (I): El escaparate «luminoso y alegre»

Durante décadas, el Opus Dei nos vendió una marca registrada: el hogar «luminoso y alegre». El catálogo oficial era perfecto: familias numerosas, hijos impecables, domingos de misa y una atmósfera de santidad de anuncio de televisión. Pero detrás de ese escaparate, el Castillo de cartón piedra ha tenido que reformarse para no derrumbarse.

Si hablamos de la familia opusina, tenemos que distinguir entre lo que se vivía hace 30 años y el surrealismo que se vive hoy. La Institución ha pasado de la prohibición absoluta a la hipocresía estratégica.

Pero los tiempos han cambiado y el negocio de las almas también.

Hoy, la Institución ha relajado las costumbres para poder seguir captando y manteniendo a su gente dentro. ¿Se han vuelto más liberales? No. Simplemente han optado por el «que no se sepa y que no genere escándalo».

Lo que no ha cambiado es la carga de fondo. Siguen queriendo controlar el resultado (que los hijos piten, que el dinero siga entrando), pero ahora te permiten «licencias» en el cuerpo para que no te sientas tan oprimido que decidas marcharte. Es una trampa más sutil: te dan una falsa libertad de piel para que sigas entregando tu alma.

En este bloque de posts vamos a desgranar cómo es vivir en este nuevo modelo de familia, donde la cama está llena de secretos, el armario lleno de ropa «no homologada» y el corazón lleno de la misma soledad de siempre.

Porque, aunque ahora el matojo esté depilado y el tanga sea de encaje, si no eres el dueño de tu conciencia, sigues viviendo en una celda. Solo que ahora la celda tiene mejores vistas.

Publicaciones Similares