Día 21. Colegio Mayor (II). Tu numerario
En un Colegio Mayor se dan muchos tipos de amistades. Surgen microgrupos por pura afinidad: los que estudian la misma carrera, los que van a la misma facultad, los del mismo piso, los que juegan al fútbol o los que se van juntos de fiesta. Pero, de repente, surge un nuevo tipo de «vínculo» que no responde a ninguna lógica de afinidad: tu numerario.
Tu numerario es esa persona que, sin tener nada en común contigo, se convierte en tu sombra. Aparece en todas partes y está siempre disponible para «lo que necesites»… o eso crees tú. En realidad, lo que ignoras es que ya eres un nombre subrayado en su agenda. Estás en sus oraciones, en sus horas de cilicio y, sobre todo, en sus objetivos del mes.
Tu numerario es un profesional del interés. Se preocupará por tus notas, por tus amigos de la universidad, por si tienes novia o por qué hacías el sábado pasado cuando saliste de fiesta. Conocerá tus gustos musicales, tu comida favorita y tu situación familiar: ¿cómo se llevan tus padres?, ¿en qué trabaja tu hermano?, ¿cómo va la economía en casa?
Poco a poco, va dibujando un mapa completo de tu vida. Tu numerario no es tu amigo; es un agente del KGB infiltrado en tu intimidad.
Cuando el curso avanza y la confianza está madura, el agente despliega la fase dos: la «vida de piedad». Las preguntas cambian de tono: ¿sabes rezar?, ¿vas a Misa?, ¿te confiesas?, ¿te apetecería venir a una meditación?.
Nada de esto es espontáneo. Como buen agente, tiene instrucciones precisas y un guion que seguir. Y lo peor no es la infiltración, sino el reporte: toda esa información que le das pensando que hablas con un amigo, no se queda en su mente. Esa misma noche, tus confidencias se transmiten a la «agencia secreta» de la casa: el Consejo Local. Allí, tus miedos, tus dudas y tus sueños son analizados por la dirección del Colegio para decidir cuál es el siguiente paso contigo.
Llega entonces el momento de las sugerencias «opusinas», esas que siempre empiezan igual:
—¿No te parece que podrías hablar con el sacerdote?.
—¿No te parece que te vendría bien un curso de retiro?.
Ese sutil «¿No te parece…?» es, en realidad, el primer empujón. Acaban de colocarte en la parte más baja del «plano inclinado»: ese malévolo sistema diseñado para atraparte en una maratón espiritual sin fin donde tú crees que eliges, pero otros están empujando por detrás.
Pero del «plano inclinado» y de las reuniones del Consejo Local, hablaremos más adelante.
Stella
