Día 26. Mi libertad, que no libertinaje
Durante todo este viaje hemos hablado de libertad, pero hoy quiero detenerme a explicar qué significa de verdad. No voy a caer en la trampa de la «libertad de los hijos de Dios» que nos vendían dentro. La libertad es otra cosa, pero tampoco es el libertinaje que nos hicieron creer que encontraríamos al salir.
Muchos piensan que la libertad es esa sensación de que, como ya no tienes que apuntar nada en la agenda ni rendir cuentas en la charla, puedes hacer lo que te dé la gana sin filtros. Pero la libertad no es un «viva la Pepa» para desquitarse de los años perdidos en la Institución.
-La libertad no es disponer de tu dinero y liarte a tirar de tarjeta para saciar una «gula de compras» reprimida.
-La libertad no es hablar con el «CuraTinder» para que te presente a alguien y así tener pareja a los tres meses de haber salido.
-La libertad no es hacer un maratón de conocer gente y follar sin parar hasta que el cuerpo aguante, solo para satisfacer la represión acumulada.
Eso no es libertad: es la urgencia de querer recuperar una vida entera en una tarde. Y eso, amigos, se parece más a una nueva esclavitud que a la paz que buscamos.
En este Cuaderno de Bitácora hablamos de cosas pequeñas porque ahí es donde se construye la libertad real. Puedes pensar que son tonterías. Puedes pensar que es más rápido ponerte al día viendo porno para «instruirte» y lanzarte a la cama con la primera persona que pase. Pero eso suele terminar siendo una «paja compartida»: algo rápido, ansioso y vacío. Una mierda, vamos. Nada que ver con hacer el amor.
Libertad es recuperar el dominio de tu propio cuerpo.
Si te dejas llevar por el desenfreno, tu cuerpo te sigue dominando; solo que ahora lo hace a través de la pulsión y no de la norma. El carnet de libertad no te lo dan al cruzar la puerta del Centro. La libertad se aprende, se entrena y se recupera centímetro a centímetro. Tienes que reaprender a vivir.
¿Por dónde empezar? Por cosas pequeñas. Metas que tu cabeza pueda procesar sin entrar en pánico:
-Un peinado nuevo que siempre quisiste llevar.
-Unos pendientes que antes eran «poco discretos».
-Una bicicleta para irte tú solo a donde quieras.
-Apuntarte a ese curso de algo que te gusta.
Y un consejo de amigo: Cómprate una libreta bien mona. Que no sea una Luxinder, por favor. Deja atrás las anillas institucionales. Ve al índice de este Cuaderno de Bitácora, elige un tema y léelo tranquilamente las veces que haga falta. Coge tu libreta nueva y apunta lo que se te pase por la cabeza. Reserva un espacio en blanco para cuando te sientas fuerte y puedas escribir esas dos palabras mágicas: «Batalla Ganada».
Cada una de esas anotaciones será un paso real hacia tu libertad. Y esa libertad, conquistada poco a poco, es la única que te traerá la paz.
Y mucho más que seguiremos hablando.
Stella
