Día 67. La trampa de la vocación

Para alguien de fuera, la vocación es algo místico, un diálogo íntimo entre la persona y Dios. Por eso, muchos no entienden por qué tardamos años en salirnos o por qué salimos tan rotos. Te miran como si fueras un deficiente mental y te dicen: «Pues habértelo pensado antes» o «Haberte borrado, como quien se quita del gimnasio». No entienden que el Opus Dei no es un club; es un sistema de permanencia eterna diseñada para que, si te sueltas, sientas que te despeñas al infierno.

Vamos al meollo: la trampa de la vocación.

En la Iglesia normal, tú descubres que quieres entregar tu vida y se lo pides a Dios. En el Opus Dei, la vocación no te llega de Dios; te la notifican los directores. Son ellos los que, tras analizar los informes de sus «agentes de la KGB» (tu numerario, la charla, el cura), deciden en una mesa de despacho —el Consejo Local— si sirves para el negocio o no.

Te encasillan según tus «prestaciones»:
-Numerario: Si eres de familia de casa, si ya tienes el Plan de Vida grabado a fuego, si no tienes contacto con chicas y vives una pureza aséptica.
-Supernumerario: Si tienes novia, amigos y amigas normales, y si haces lo que puedes por «controlar las pajas y el folleteo» mientras sigues el espíritu de casa.
-Oveja negra: Los que no tienen «perfil», pero a los que mantienen cerca mientras no den escándalo, pasen habitualmente por el confesionario a limpiarse y, si tienen éxito profesional, les propongan ser Cooperadores (para sacarles el dinero, que es lo que más les interesa).

Así que un día te verás en una conversación abstracta en la que tu numerario te dice: «Dios te ha elegido desde la eternidad para ser de la Obra; llévalo a la oración, por que eres un privilegiado de Dios». Y a partir de allí será un machaque continuo de lo especial que eres y que le tienes que decir que si a Dios. Te obligan a «rezarlo» hasta que oigas lo que ellos quieren que oigas. No hay discernimiento; hay extorsión emocional. Y un día te encuentras escribiendo una carta de admisión sin saber muy bien por qué, entregando tu vida a una nueva «familia» que solo te querrá mientras seas dócil.

No he mencionado que además de sugerirte que tienes vocación te han encasillado también en el tipo de vocación que tienes: tienes vocación de numerario o tienes vocación de supernumerario. Y tú te quedas flotando de que encima también Dios te ha escogido la opción: no está en tu mano pulsar 1 para numerario o pulsar 2 para supernumerario. Y menos pidas explicaciones, por que no te las van a dar, es algo Divino.

Y un día te encuentras escribiendo una carta pidiendo la admisión como miembro numerario o supernumerario, sin saber muy bien por qué. Y desde entonces tienes una nueva familia.

Es todo tan celestial, que ahí es donde está el problema: no ha habido discernimiento real; solo te has dejado llevar por la seguridad de comunicarte que Dios te ha escogido, y eso no puede estar mal Por eso el gran problema de las personas para salirse de la institución: como voy a defraudar a Dios. Y no es solo el problema mental y espiritual que te causas tú mismo, es el problema que te generan tus directores cuando se enteran que tienes problemas con la vocación. Te van a hacer sentir como que estás defraudando a Dios y tirando a la basura su designio divino y eterno.  Por eso, mi consejo de náufrago es este: si te vas a ir, no se lo digas a nadie. Sal corriendo por la puerta de atrás. Ahórrate el conflicto que te van a generar, las amenazas de condenación y el chantaje espiritual.

Por eso es tan poco acertado esas personas que se creen que salirse del opus es como darse de baja del gimnasio. No entienden que el Opus tiene una “permanencia”eterna muy difícil de romper. Es como intentar rescatar un plan de pensiones de un banco: te lo van a poner muy difícil.

Y no podía de dejar de hablar de las numerarias auxiliares, aunque ya están en extinción. Pero hubo un tiempo que las captaban ofreciéndoles un futuro profesional lejos de la pobreza y luego pasaron a sacarlas de las escuelas de hostelería, para acabar siendo la mano de obra invisible de los centros. Y al final vemos los centros atendidos por personal contratado y una administradora supervisando el espíritu, o lo que queda de él.

Y por último los sacerdotes numerarios, donde la vocación al sacerdocio se les plantea tras muchos años siendo numerario (y muchos informes de su valía): “El Padre ha pensado que podrías ordenarte sacerdote”. Esto es lo más: la vocación al Opus te la da Dios desde la eternidad, pero la de sacerdote te la da el Prelado (haciéndose Dios para dar la vocación de sacerdote a una persona). Esto ya simplemente es demasiado, se han hecho dueños hasta del sacramento.

Es todo tan aberrante de cara a la Iglesia que no se cómo se ha permitido que instituciones así hayan funcionado tranquilamente y sigan haciéndolo.

Directamente todas las incorporaciones de miembros deberían declararse nulas e igualmente las de sacerdotes, con más razón aun.

No fue un «sí» a Dios; fue una emboscada en un despacho. Hoy, desde mi libertad, sé que Dios nunca estuvo en aquel contrato. Dios me esperaba fuera, en la orilla, para devolverme las alas que ellos me intentaron comprar con una carta de admisión.

Publicaciones Similares