Día 64. Pequeños placeres: El banquete de lo «inútil»
Una de las obsesiones más retorcidas de los sistemas de control es el utilitarismo: todo debe servir para algo. Si algo no es estrictamente necesario, si no tiene una finalidad…
Una de las obsesiones más retorcidas de los sistemas de control es el utilitarismo: todo debe servir para algo. Si algo no es estrictamente necesario, si no tiene una finalidad…
No podía dejar pasar algo tan mundano y hogareño como el doblado de los calcetines, aunque suene a risa. Pero no es ninguna broma: en el estándar de la «Administración»…