Inclusión y diversidad, respetando la historia y contexto de cada persona.
1. Base espiritual
Mensaje central: amor a Dios y al prójimo, compasión y perdón.
Práctica: oración y reflexión personal, reuniones de grupo para compartir experiencias y apoyarse mutuamente.
Libertad de conciencia: cada miembro decide cómo vive la espiritualidad; no hay imposiciones sobre la práctica.
2. Organización
Jerarquía mínima: coordinadores como acompañantes, no controladores,
Decisiones compartidas: consenso en decisiones importantes.
Roles flexibles: se asignan tareas según dones y habilidades, no por mandato jerárquico.
3. Vida comunitaria
Apoyo mutuo: compartir recursos, ayudar a quienes lo necesiten.
Espacios de encuentro: comidas compartidas, grupos de estudio, voluntariado y actividades culturales o recreativas.
Educación y acompañamiento: valores cristianos prácticos, sin dogmas ni miedo.
4. Personas
Respeto a la libertad individual: cada persona decide sobre su vida.
Educación basada en amor y responsabilidad, no en miedo o culpa.
Inclusión: todos son bienvenidos, sin discriminación de género, orientación sexual o pasado personal.
5. Conexión con la sociedad
Servicio y acción social: proyectos comunitarios, voluntariado, ayuda a marginados y necesitados.
Evangelización práctica: mostrar el Amor de Jesús mediante hechos, no imponiendo normas.
Redes abiertas: colaboración con otras comunidades y organizaciones que compartan valores de Amor y justicia.
6. Economía y sostenibilidad
Recursos compartidos y transparentes: cooperación y apoyo mutuo sin imposición económica.
Trabajo y donaciones voluntarias: cada miembro contribuye según su libertad.
Autosuficiencia y sostenibilidad: tienda, talleres, proyectos de apoyo social…
7. Educación y formación
Aprendizaje práctico: ética, espiritualidad, habilidades para la vida cotidiana.
Crecimiento personal: fomentar autoconocimiento, autonomía y toma de decisiones conscientes.
Mentoría entre miembros: acompañamiento fraterno y apoyo mutuo.
8. Seguridad psicológica y emocional
Espacio no juzgador: crear un ambiente donde no haya juicio por las experiencias pasadas, las dudas, las nuevas creencias o la forma en que cada uno se sienta o se exprese.
Validación de la experiencia: cada historia es escuchada y reconocida.
Confidencialidad: establecer desde el inicio que todo lo compartido en la comunidad es estrictamente confidencial.
9. Foco en la autonomía y el empoderamiento individual
Respeto a la conciencia personal: la máxima autoridad para cada persona debe ser su propia conciencia bien formada, no una regla externa o la opinión del grupo.
Promoción del pensamiento crítico: fomentar la capacidad de cuestionar, analizar y formar opiniones propias, en contraste con la obediencia ciega.
Desprogramación de creencias dañinas: trabajar activamente en desmantelar las creencias internalizadas que generaron culpa, vergüenza o miedo (sobre sexualidad, placer, duda, pecado).
10. Primacía del Amor incondicional y la gracia
Dios como Amor: presentar una visión de Dios como amor incondicional, misericordia y gracia, muy diferente de un Dios justiciero y punitivo.
Amor fraterno y apoyo mutuo: cada historia es escuchada y reconocida.
11. Inclusión radical y diversidad
Respeto a los caminos individuales: entender que no todos tendrán el mismo camino de sanación o de fe. Algunos buscarán reconstruir una fe cristiana, otros explorarán otras espiritualidades, y otros quizás opten por un camino secular. Todos son bienvenidos.
Sin prejuicios: aceptar a todos, sin importar su orientación sexual, identidad de género, estatus marital, trayectoria de fe (creyentes, agnósticos, ateos en búsqueda)…