Día 72. Por el interés te quiero Andrés

Se supone que en una institución de la Iglesia lo fundamental es el bien espiritual de sus miembros; lo que importa es lo que te acerca a Dios. O eso es lo que dicen. Pero cuando entras en la Obra, descubres que la fe viene en un pack indivisible con el poder y el dinero. Todo está diseñado para el control de las personas según su rentabilidad.

A cualquiera que le preguntes te dirá que eso del Opus es cosa de ricos, de gente importante. Todavía me río cuando recuerdo a un vecino que me soltó: «Pues yo creía que eras de los Kikos». No le cabía en la cabeza que una persona sencilla, que va justa de dinero, pudiera ser del Opus. En el imaginario popular, el Opus es para los tops.

Lo más cínico es ver cómo los mandamases se apresuran a hablar de su labor social, de sus Centros de FP y de los inmigrantes cada vez que van a ver al Papa. Marketing de fachada. Porque cuando ves las cosas desde dentro, el «espíritu de casa» tiene un baremo muy mundano:

-No es lo mismo ser un miembro de primera generación que uno con apellidos de la «aristocracia de la labor».
-No es lo mismo ser una persona sencilla que alguien relacionado con «gente de nivel».
-No es lo mismo estar con una mano delante y otra detrás, que con grandes ingresos bajo el brazo.

¿No estábamos en una institución religiosa? ¿No debería importar solo mi relación con Dios? Pues no. En esta liga, lo mundano es lo que dicta las reglas. He visto cosas que hoy me revuelven el estómago:

-Numerarios a los que mandaban a casa de sus padres por estar en paro (un estorbo para el presupuesto del Centro) como presencié en el Colegio Mayor, frente a otros a los que se apresuraban a colocar en cualquier «iniciativa de Casa».
-Supernumerarios vip a los que se les permitían todo tipo de licencias porque su chequera compraba su libertad, mientras que a otros, si se atrevían a denunciar la incoherencia, les cerraban la boca al grito de: «¡Manolo, coño, obedece!».
-Y mi propio caso. Nunca olvidaré lo que me dijo mi hermana un día: «No tienes dinero, no tienes influencias y encima tienes un fracaso matrimonial a cuestas. ¿Qué va a querer de ti el Opus? No les sirves para nada».

Y tenía razón. El Opus no es una comunidad de hermanos que reman juntos. Es una sucursal donde vales lo que puedes aportar al balance de situación:

-Les vales si sacan de ti: dinero, prestigio, influencias o una docilidad absoluta que no se plantee nada.
-No les vales si no eres rentable: si tienes iniciativa propia, si no te dejas llevar o si tu economía no da para financiarles el castillo de cartón piedra.

Lo que reces, lo que ames o lo que sufras… simplemente les importa una mierda.

Hoy contemplo mi vida escribiendo este Cuaderno de Bitácora y me asombra la ironía de mi propia Vuelta al Mundo. Pasé 25 años proponiendo ideas novedosas de apostolado para que ellos llegaran a más gente… y hoy uso esa misma energía para ayudar a las víctimas a las que ellos rompieron las alas.

Así es la vida. O mejor dicho, las vueltas que da la libertad.

Y que por el interés, querido náufrago, quieras mucho a Stella. Porque aquí el único interés que nos mueve es que recuperes tu soberanía y seas, por fin, feliz.