Día 67. El Tribunal Eclesiástico: La aduana del oscurantismo
Hay situaciones desilusionantes, hay situaciones tristes y hay realidades que te abren los ojos de golpe al oscurantismo de la Iglesia.
Cuando en la vida ordinaria algo no funciona, cuando sufres una injusticia o un delito, acudes a la policía o al juez. Pero, ¿qué pasa cuando el problema está dentro del ámbito eclesiástico? Pues que te toca acudir al Tribunal Eclesiástico, el órgano que –en teoría– debería velar por la justicia divina en la tierra.
Uno puede ir a la policía y denunciar que una persona o institución está abusando espiritualmente de él… aunque me figuro la cara del funcionario que te está tomando declaración. Así que mejor no te plantees esta solución. De estas cosas se encargan los órganos judiciales de la propia Iglesia. O eso nos dicen.
Hace unos días contaba mi desencuentro con el Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico de Valencia, que terminó a gritos: «¡El sistema lo ha hecho la Santa Madre Iglesia y la Iglesia nunca se equivoca! ¡Fuera de mi despacho! ¡Tengo prisa!»
Uno sale de ahí directamente con la sensación de haber descubierto el significado de la expresión: «El oscurantismo de la Iglesia».
Al escribir este capítulo hace unos días que el Papa León ha estado en España de visita apostólica, y ha hablado de muchas cosas. En lo que concierne a Stella, tuvo una reunión en la Conferencia Episcopal con todos los obispos de España y les dedicó unas palabras sobre los abusos:
«Como veis, nuestro viaje está hecho de encuentros, en ellos no faltarán los que viven momentos de oscuridad, y nos reclaman que nos hagamos para ellos samaritanos. Uno de los más dolorosos es con aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero. Ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado. Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación».
Y a los pocos días, ya en el Vaticano, ante los integrantes de Ceprome, les volvió a recordar las mismas palabras y añadió:
«…que todos los espacios en la Iglesia, ya sean físicos o virtuales, sean verdaderamente lugares para el encuentro fecundo con Jesucristo, libres de miedos, sospechas o desconfianzas».
Con mi mentalidad de «buscador de soluciones» se me ocurrió investigar en la web del Arzobispado de Valencia información sobre abusos y lo único que encontré se refería a abusos sexuales a menores (igual que en la web de la Conferencia Episcopal Española). Parece que aún no se han «actualizado» a otros tipos de abusos –pensé– así que escribí un e-mail al contacto que venía sobre abusos a menores pidiendo información de «otros abusos». Al rato me contestó la encargada indicándome el e-mail del Delegado Episcopal para las Causas de Abusos, que es el encargado de todo esto.
Escribí a este nuevo e-mail pidiendo información: quién o quiénes lo llevan, lo que hacen, su manera de actuar y cualquier información que considere importante darme a conocer.
Al día siguiente recibí respuesta:
«Te habla el Delegado Episcopal para las causas de Abusos. No me queda claro por el tenor de tu correo si lo que quieres es interponer alguna denuncia o dar nos algún tipo de información en relación a algún abuso espiritual. No obstante, para tu información, pongo en tu conocimiento que en la Delegación estamos trabajando no sólo en el ámbito de abusos a menores, sino también, en todo lo que respecta a la prevención y actuación de todo tipo de abusos (también el espiritual). Un cordial saludo y a tu disposición para lo que necesites».
Todo un poco general y nada concreto, así que de nuevo le escribí para que me aclarara lo que le preguntaba ya por segunda vez: «Quería saber quién se encarga o qué órgano del Arzobispado. Tengo muy mala experiencia con el Vicario Judicial que me echó a gritos de su despacho. Puedo denunciar y dar información. ¿Qué están haciendo para prevenir estos abusos? ¿Y con la gente, ya mayores de edad, qué se hace? Mi experiencia al intentar hablar de abusos es que no se quiere que se hable de ello. Nadie quiere meterse en esos temas».
Y me volvió a contestar:
«En el ámbito de los abusos de autoridad, potestad, espirituales… Estamos realizando formación preventiva a los sacerdotes y agentes de pastoral de las distintas Vicarías y, en breve, en colaboración con la facultad de derecho canónico de la UCV vamos a lanzar en formato online un curso universitario de tres créditos sobre estos particulares. Un saludo».
Han pasado quince años desde mi desencuentro con el Vicario Judicial y me vuelvo a encontrar con el oscurantismo de la Iglesia: Al Delegado Episcopal para las causas de Abusos de la Archidiócesis de Valencia no le importa este tipo de abusos y, de todo lo que dijo el Papa, nada de nada:
-No le ha importado que le relatara un caso de abuso de poder en el propio Tribunal Eclesiástico y que le pudiera relatar otros. Si una persona lo primero que te cuenta es que ha sufrido abusos en el propio Tribunal Eclesiástico, además de otros abusos, lo primero que haces es pedir disculpas, empatizar y motrarte receptivo para escuchar.
-No me contestó tras preguntarle dos veces quién o quiénes lo llevan.
-Ni me habló de justicia ni de reparación, lo único que me dijo fue sobre prevención.
-Ni escuchó lo que le contaba, ni me acogió para ayudar, ni me dio protección y menos ayuda para sanación.
-Cuando una persona que ha sufrido abusos contacta para pedir ayuda, es que previamente ha sufrido mucho y dar este paso supone algo verdaderamente heroico. Si el que está al otro lado muestra cero empatía, cero sinceridad y cero ganas de ayudar, lo que despierta es 100% de desconfianza y nada de un espacio donde realizar un encuentro fecundo con Jesucristo, libre de miedos, sospechas o desconfianzas. O sea, lo peor con que se puede encontrar una víctima de abusos: ya nunca va a encontrar un espacio seguro contigo.
Es una vergüenza que así actúe el Delegado Episcopal para los Casos de Abusos de la Archidiocesis de Valencia. Si uno no está capacitado para hacer una función la deja inmediatamente y no se queda para poder «figurar» que hay un encargado para los abusos.
¿Y aún nos extrañamos de que la Iglesia esté como está? Mi aplauso para todos los que, desde sus despachos con moqueta y crucifijos, lo hacen posible.
Pero queda una pregunta en el aire: si el Tribunal que debe juzgar es el que te echa a gritos para proteger a los suyos… ¿a dónde vas cuando el problema es la propia Iglesia?
Stella
