Día 99. Llegamos a puerto

Tras esta larga travesía de nuestra particular «Vuelta al Mundo real», divisamos por fin el puerto. Allí está el faro, Stella, cuya luz nos ha acompañado durante toda la travesía para ayudarnos a no perdernos en la oscuridad de la alta mar de la institución.

Han sido días de risas sanadoras, pero también de una tristeza profunda al contemplar cómo el castillo de cartón piedra se iba desmoronando ante nuestros ojos. Han sido días de tomar al toro por los cuernos y de colocar, una a una, las piezas de nuestra identidad en su sitio. Días de decir verdades; algunas incómodas, otras crudas, pero todas absolutamente necesarias.

Muchas de las cosas que han ido saliendo en estas páginas las habrás encajado fácilmente con lo que tú mismo viviste. Otras, quizá, te habrán sorprendido o te habrán puesto rojo y necesitarás tiempo para poder digerirlas. No tengas prisa.

En este cuaderno hemos hablado, por encima de todo, de libertad. Porque eso es lo que más necesita quien sale de un sistema de abuso generalizado. Pero hemos descubierto que la libertad no es ese «viva la Pepa» que nos auguraban para asustarnos; no es convertirse en esclavo de los impulsos. La libertad es, sencillamente, la soberanía de poder elegir sin miedo, sin guiones y sin cadenas.

Y, por supuesto, hemos hablado mucho del cuerpo y del sexo. De aquello que nos hicieron temer como si fuera la «máquina perfecta de pecar». Ha llegado la hora de dejar de intentar ser ángeles de escayola –ese ideal imposible que solo generaba frustración– para empezar a habitar con orgullo nuestra humanidad. Tu cuerpo no es una amenaza; es la gran Obra Maestra de Dios, hecha a su imagen y semejanza.

El puerto ya está ahí. No sabemos si habrá una banda de música para recibirte, o si estarán esas personas que te quieren y que han estado deseando tu regreso durante años. En unos momentos se colocará la pasarela y descenderás de este barco con una mezcla de ilusión, vértigo y felicidad.

Al tocar tierra, por fin podrás decir: «Ya estoy aquí. Soy yo».

Este es el día 99 de mi Cuaderno de Bitácora, pero mañana llega el verdadero día 1: el primero de tu nueva vida real. Esa página no puedo escribirla yo. Esa página es tu territorio virgen. Es tu libertad estrenada.

¡Felicidades por esta reconquista!

Tal vez algún día volvamos a encontrarnos en otro viaje. Hasta entonces… que el viento sople siempre a tu favor. Y recuerda: el puerto nunca fue el final del viaje; el verdadero viaje empieza ahora.