Día 86. El Opus Dei 2.0: El control con bata blanca

Hace unos días me apareció en YouTube un podcast con un supuesto experto en adicciones a la pornografía en un canal católico. Al «experto» lo conozco personalmente de mis años dentro, así que, inevitablemente, me puse en guardia. Solo la presentación ya era para echarse a reír: un currículum maquillado y edulcorado para ocultar que, hasta hace bien poco, su trabajo había sido el control institucional. Pero no voy a perder tiempo en eso; prefiero ir al fondo de lo que intentaba vender.

Desde el principio, su discurso fue el de siempre: la pornografía es una adicción, un fallo químico de la dopamina, un trauma de la infancia que afecta a casi el 100% de la población. Según él, masturbación y pornografía son un binomio difícilmente separable. Su solución: un «acompañamiento» por WhatsApp las 24 horas. Es decir, sustituir la charla fraterna por el terapeuta digital para que sigas sin ser dueño de tus actos.

Me he dado cuenta de que el castillo de cartón piedra se ha modernizado. Ahora ya no te amenazan con el infierno; te amenazan con la neurociencia. Han cambiado la palabra pecado por adicción y el confesionario por un chat de WhatsApp disponible las 24 horas.

En el Opus Dei 2.0 se presentan como expertos en salud sexual, pero su premisa es la misma de siempre: tu cuerpo es un enemigo que hay que vigilar y controlar.

No hablan nunca de la libertad ni del control sano que nace del respeto a uno mismo. Hablan de normas, de miedos y de una vigilancia eterna.

Ellos patologizan el deseo; nosotros en Stella celebramos la vida. Ellos te ofrecen una vigilancia para que no caigas; nosotros te ofrecemos la soberanía para que camines solo. Mientras ellos se obsesionan con la dopamina, yo me quedo con mi cuerpo tal cual es y mi libertad.

En Stella hemos demostrado que cuando dejas de ser un policía de tu propia entrepierna, la ansiedad desaparece. Que la libertad no te vuelve un vicioso, sino una persona equilibrada. Que quitar la culpa te da mucho más dominio sobre tu vida que mil horas de terapia con un «inmaculado».

La verdadera salud no es vivir bajo el control de un experto; es mirarse al espejo y saber que no necesitas muletas para ser una persona completa. Se acabó el acompañamiento: hoy elijo caminar libre por mi propia vida.