Día 33. El CuraTinder
En el mundo de las letras, La Celestina es la protagonista absoluta de la obra de Fernando de Rojas, famosa por ser una vieja alcahueta, hechicera y antigua prostituta que utiliza sus artes para mediar en el amor entre Calisto y Melibea. Es un personaje complejo, astuto y codicioso, considerado el vivo retrato de la manipulación y la maldad. En el mundo del Opus Dei existe una versión moderna y con alzacuellos: el CuraTinder.
Se trata de ese sacerdote que trabaja a caballo entre la sección masculina y la femenina y que un día decide mediar entre los solteros de «la labor» para que se conozcan y formen una familia cristiana (y, a poder ser, muy opusina).
Oye, pues viéndolo así… hasta me parece bien: un cura que conoce a gente con los mismos ideales y les ayuda a encontrarse. La manera ideal de expandir la especie.
Recuerdo el día que empezaron a llegarme mensajes del CuraTinder. Me decía que me apreciaba mucho y que me iba a ofrecer su «catálogo» de casaderas. ¡Cómo iba un supernumerario a quedarse soltero! Sin preguntarme mucho, ya tenía en mi WhatsApp tres candidatas: «Mira a ver cuál te gusta y le digo que la vas a llamar».
Lo que yo no sabía es que aquello era un asalto a mano armada. Las propuestas eran totalmente a voleo, sin pararse a pensar si las personas encajábamos o si buscábamos lo mismo. El resultado, lógicamente, fue un desastre tras otro.
Con los años, el CuraTinder se modernizó y creó una ficha de datos. Parecía que la cosa ganaba en seriedad. Me seguía mandando fichas de chicas: «Le gusta el tenis», «Le horroriza cocinar», «Busca chico con pelo»… Yo alucinaba. ¿Cómo podía yo saber tanto de ellas si yo ni siquiera había rellenado mi propia ficha? Ellas no sabían nada de mí. Un despropósito.
A los años, decidí escribirle para aclararlo. Le dije que nunca me había pedido mis datos y que así era imposible emparejarse. «No te preocupes, rellena esta ficha y encontraremos a la ideal», me contestó.
Rellené el formulario. Había un apartado que decía: «¿A través de qué movimiento o realidad eclesial te formas?». Yo fui sincero: puse que había sido supernumerario durante 25 años pero que hacía un par de años que lo había dejado.
Aquello fue el fin. El shock del CuraTinder fue instantáneo: «No sabía que ya no eras s… te paso fichas pronto», me dijo. Ese «pronto» nunca llegó. Mi nombre fue borrado de su base de datos en ese mismo instante.
Ahí comprendí la esencia del sistema. En el Opus Dei, dejas de ser una persona para ser una mercancía. Eres alguien mientras pueden sacar algo de ti o mientras sirves para perpetuar la Institución. Si ya no eres «de los suyos», no les sirves para nada, ni siquiera para encontrar el amor.
Lo más cínico es ver cómo funciona el doble rasero: «privilegiados» a los que no para de mandarles fichas. Casos donde el CuraTinder hace chantaje: «Si vienes a los Círculos o te involucras con la labor, te mando fichas». O lo que es peor: se permite la entrada a perfiles que ellos mismos condenarían: desde divorciados sin nulidad hasta gente que va directamente a lo que va. Parece que, si estás dentro de su órbita, los pecados se perdonan por el bien del «negocio» matrimonial.
¿De verdad todo lo que tiene que ver con la Obra tiene que funcionar por puro interés? Al final, el castillo de cartón piedra también llega hasta el corazón.
Stella
